RICARDO ARDEVOL
Ricardo Ardèvol Charlamos con
Ricardo Ardèvol,
todo un icono del Paralelo.
Estamos citados en la cafetería del
Teatro Apolo, ¿dónde si no?... 
Ricardo llega puntual e impecable, como siempre.

Para los que no le conozcan,
 “Ey, Ricardo en castellano, y Ardèvol, con el acento a la catalana”, nos advierte, os diremos que fue uno de los grandes empresarios del mundo del espectáculo y del music-hall del país entre los años 50 y 90; “y también hice una gira de dos años por América”, nos apunta...
Ricardo es un Señor, con mayúsculas, un caballero, que todavía continúa en activo: “cada vez menos, ahora en la empresa manda mi hijo”, nos dice sonriente, y es un pozo sin fondo de recuerdos y de anécdotas. Nos explica que empezó a trabajar muy joven, a finales de los años 40, en Radio Barcelona. “Se puede decir que gracias a Franco me dediqué al mundo del espectáculo. Eran tiempos difíciles, y muchas veces pagaban justos por pecadores. En 1947 hubo un encierro de obreros en varias iglesias de Bilbao y la policía franquista entró apalizando a todo el mundo que iba encontrando. Nosotros, en Radio Barcelona, retransmitíamos los domingos una misa desde los Jesuítas de la calle Caspe de Barcelona, una "Santa Misa para enfermos e imposibilitados”. El cura encargado de dar la misa empezó criticando la carga policial: me hicieron responsable de sus palabras y me invitaron a salir del país. Y por eso estuve dos años en América, con un contrato que me hizo el gran Iquino. Cuando pude volver a Barcelona lo tenía claro: ¡quería ser manager de artistas!”.

Un hombre emprendedor, que hizo del ocio de otros su negocio, y con visión de futuro: montó las primeras discotecas de la provincia de Girona -"salas de fiesta", nos corrige-, donde llevó a los artistas que empezaban, como Julio Iglesias, Joan Manel Serrat, Conchita Bautista o Luis Aguilé. “Ah, también organizaba Fiestas Mayores y encuentros de sardanas, pero los sardanistas, en aquella época, tenían poco dinero…”

Nos centramos en la etapa en que fue empresio de El Molino: “Los 13 años más felices de mi vda, de 1981 a 1994”, nos confiesa.. “Todo empezó -nos dice- en diciembre de 1981, cuando Emilio Caballé Aguilar y yo compramos El Molino. Yo llevaba la parte artística y él los asuntos de contabilidad. Al cabo de unos años, en 1988, le compré su parte: El Molino era todo mío”.

Sin embargo, para Ricardo Ardèvol y muchos molineros hay una fecha mágica: el 28 de diciembre de 1989. Meses antes habían comenzado un ambicioso proyecto: restaurar la deteriorada fachada de El Molino y hacer girar sus aspas: “Nos costó mucho, y no sólo hablo de dinero: nadie sabía cómo poner en marcha aquel mecanismo casi centenario: el piñón y el eje estaban casi rotos... ¿pero, sabes? soy un hombre muy tozudo, y al final giraron: ¡qué fiesta! Más de uno lloró de emoción”. Y aquella noche mágica las aspas de El Molino volvieron a girar, en presencia del alcalde Pasqual Maragall y de muchos otros amigos y amigas del Paralelo. “Vinieron todos los artistas que trabajaban en otros espectáculos del Paralelo: el Apolo, el Condal, el Arnau, el Victoria... Moncho Borrajo, La Maña, Mario Gas... ¡todos!. Y los vecinos llenaron la plaza de la Bella Dorita. Eran unos momentos de gran tensión vecinal: los drogadictos del Raval, de la calle Nou de la Rambla, se habían empezado a desplazar al Poble-sec y naturalmente no los queríamos... Maragall, como siempre, habló con todos y calmó un poquito los ánimos”.

En 1994 vendió El Molino, en una época en la que el music-hall ya estaba en declive. Con cierta emoción confiesa: “yo no quería cerrar El Molino, me hubiera muerto de pena, por eso me lo tuve que vender antes…”.

Recuerda el Paralelo de los años 50, 60, 70 y 80 con una avenida llena de luz y de vida, con los locales y bares llenos. Sin embargo, es consciente de que muchas cosas han cambiado y que “ahora corren otros tiempos”. Cuando le pedimos que nos diga cómo le gustaría que fuese el Paralelo en un futuro cercano, nos contesta con cierta nostalgia: “quiero teatros, muchos teatros, y un boulevard sin coches: una avenida para la gente del barrio y de toda Barcelona; que el Ayuntamiento y otras empresas privadas pongan en marcha nuevos teatros y locales, o por lo menos que arreglen los que hay; cuando paso por el Arnau y veo cómo está me dan ganas de llorar y mucha rabia. La Fundación y el nuevo El Molino me parecen dos proyectos muy serios, y estoy muy contento de que, por fin, alguien haga algo por el Paralelo”.
Como se ve, hablar con Ricardo es hablar con la historia del Paralelo, de un barrio y de una ciudad. Nos ha prometido que publicará sus memorias dentro de poco... las esperamos, para saber más de su historia ¡y de la nuestra!

¡Gracias, Sr. Ardèvol! (aunque ya sabemos que te gusta que te llamen Ricardo...)
Fuente original: FEM PARAL.LEL, separata del diario ZONA SEC / Junio de 2009